El próximo domingo se celebrará en Manila, Filipinas, la final de Miss Universo, un certamen que parece no poder alejarse de la polémica, ni siquiera ahora que ya no tiene relación con Donald Trump, el flamante Presidente de Estados Unidos.

Apenas el año pasado, el concurso se vio empañado por la monumental equivocación de Steve Harvey al proclamar como ganadora a la colombiana Ariadna Gutiérrez, a quien después se le tuvo que retirar la corona para colocársela a la filipina Pia Alonzo Wurtzbach.

Pero la mayor controversia de Miss Universo gira en torno a la percepción de que se trata de un certamen que pondera más la “reconstrucción” de las aspirantes a la corona que su belleza natural.

“Viendo los fotos de antes y después de las concursantes, es impresionante darte cuenta de los dramáticos cambios físicos que lucen las chicas.

“Muchas tienen largos periodos de ‘producción’, de inclusive más de un año”, destaca el doctor Gustavo González, miembro de la Academia Mexicana de Cirugía Plástica y Reconstructiva.

De acuerdo con el cirujano, las transformaciones incluyen desde inyecciones de ácido hialurónico en labios, mejillas, mentones, pómulos y cejas para perfilar las facciones, hasta cirugías plásticas para modificar las facciones de cara y cuerpo.

Entre los procedimientos más comunes están los de nariz, mejillas, cejas, implantes de mama y lipoesculturas, lo que hace que prácticamente todas las participantes tengan alguna intervención.

“Sin contar con el cuidado de la piel para dejarla luminosa, hidratada, sin manchas, libre de vello y sin celulitis. Eso hace que los tratamientos cosméticos sea el pan de cada día entre las participantes.

“Los tratamientos dentales, desde blanqueamientos dentales, carillas y perfectos trabajos de ortodoncia hacen que la sonrisa de cada concursante sea impecable e irreal”, agrega el doctor González.

Pequeñas cirugías

El coordinador de moda y experto en belleza José Antonio Montes de Oca considera que un certamen de belleza no debería permitir que lleguen competidoras con tantas cirugías, al grado de que estén literalmente transformadas de su fisonomía y anatomía naturales.

“No se debe olvidar que es un concurso donde la espontaneidad y naturalidad son parte integral de la esencia de cada persona, y eso es parte de lo que se califica.

“Estoy a favor de las pequeñas cirugías como una discreta mejora personal, pero no de las operaciones que resultan verdaderas transformaciones y que crean mujeres inalcanzables que parecen sacadas de cuentos de ficción”, señala.

Pero en este año en particular, cuando parece que todos los comités patrocinadores se han esmerado en transformar a sus representantes, la pregunta es: ¿vale la pena ser otra persona para lograr este título de belleza?

¿O acaso Miss Universo es ahora una lucha entre cirujanos plásticos, dermatólogos, maquillistas, estilistas, asesores de imagen y entrenadores físicos?

FUENTE: Agencia Reforma